El otro día quedé con un amigo para tomar café.
Lorenzo era un vecino de la calle en la que vivía con el que compartí grandes momentos de pequeño. Su edificio era el de al lado del mío, pero siempre íbamos juntos corriendo aventuras por el barrio. Hoy en día escasamente lo veo, solo en las fiestas de Alicante, las hogueras de San Juan, cuando viene a verme a mi barraca festera. Es lo que tiene vivir fuera, que los encuentros son cortos pero intensos.
Este año no podía ser menos y en el primer momento de empezar a decorar la calle y montar el escenario para la música, ya se dejó ver por allí.
- Muy buenas-, preguntó con su tono bromista de siempre- ¿hace falta un hombre por aquí para enseñaros a montar esto?
- No, muchas gracias-, le contesté con el mismo tono- pero no te preocupes que si lo necesitamos, le iremos a buscar. Que tú no has montado ni una tienda de campaña en tu vida.
- No me hables de tienda de campaña, que lo pienso y ya me pongo triste- me dijo ya en otro tono.
- Bueno-, le dije intentando volver al tono del comienzo de la conversación- siempre puedes coger un bungaló en lugar de montar la tienda.
- No es de esa tienda precisamente de la que hablo- me dijo un poco taciturno.
- Me tienes preocupado- le dije más serio.- Va siéntate y cuéntame-.
Empezó a contarme, que el jueves anterior a vernos, al salir del trabajo, habló con los amigos de la ciudad donde vive para hacer una cerveza mientras pensaban dónde ir las tardes-noches del fin de semana.
Mientras debatían entre ir a cenar e ir a una discoteca, o empezar por la tarde con un gin-tonic y marchar después de la cena para aprovechar la mañana del domingo yendo a la playa, le pareció tener un cruce de miradas con una chica preciosa, con la que habían coincidido más de una vez en ese bar.
Con la segunda cerveza en la mano, Lorenzo, con toda la valentía que pudo reunir, hizo coincidir la mirada de la chica con la suya nuevamente, para comprobar realmente que ella se había fijado en él. Y para sorpresa de mi amigo, funcionó. La chica le sonrió y se pasó un mechón de pelo detrás de su oreja derecha con la mano del mismo lado.
A la tercera ronda, el chico ya no aguantaba más y decidió ir a hablar con ella. Pero antes necesitaba hacer una parada en el lavabo, así que fue tranquilamente, sin esperar que, justo cuando salía, se iba a encontrar con la chica en la puerta. Se puso muy nervioso, todo sucedía a cámara lenta.
Me preguntó si nos habíamos visto antes, le dije que podía ser que algún que otro fin de semana hubiéramos pisado el mismo local.
-¿Y no me dices nada?- preguntó interesada.
-Por estadística- contestó él-, las mujeres os fijáis en dos cosas, los ojos y que os hagan reír. Y como tengo unos ojos marrones estándar, pues me puse a estudiar chistes de YouTube para sacarte una sonrisa y poder llamar tu atención.
Tras conseguir hacerla sonreír, estuvieron un buen rato hablando y riendo sin parar. Después, volvieron a sus respectivas mesas con la sensación de querer más contacto, y a medida que pasaba el tiempo, las sonrisas y miradas cruzadas se iban sucediendo entre los dos tortolitos.
Cuando mi amigo quiso ir a invitarla a una cerveza, justo ella se acercó para despedirse. Nada más llegar a la mesa de Lorenzo, Nadia, que así se llamaba la chica, le cogió la mano y la apretó. En su interior iba un papel.
Le dijo al chaval que tenía que llevar a sus amigas a casa, que si quería la siguiente pista, ella estaría libre en una hora. Él estaba encantado con ese juego, con esa mezcla de erotismo y suspense.
Disimuladamente, se guardó el papel en el bolsillo, para comprobar, una vez que el grupo de la chica había salido del bar, que lo que había en éste, era su teléfono.
No dejó pasar un minuto de la hora después de despedirse. En el minuto sesenta, cogió el móvil y llamó al número que había escrito.
Cuando ella descolgó el teléfono y preguntó quién era la persona que llamaba, él contestó preguntando por la siguiente pista.
Inmediatamente Nadia colgó el teléfono. El pobre, triste, pensó que le estaban dando calabazas, pero al minuto recibió un mensaje de WhatsApp con una ubicación.
Sin dudarlo, fue. Y allí estaba ella, en la puerta de su edificio. Todo era muy extraño pero le atraía muchísimo y el juego le encantaba.
Sin mediar palabra, la chica se lanzó y le besó apasionadamente.
Entre beso y beso, iban entrando al edificio y subiendo al piso. Cada vez eran más intensos, tanto en sus besos como en las ganas de descubrir sus cuerpos con las manos en el ascensor.
Una vez en el interior, fueron directos a la habitación. No les hacía falta ningún paso previo. Iban arrancándose la ropa a medida que avanzaban por el pasillo.
Cuando al fin se tumbaron en la cama, ya no había ropa que quitar.
Empezaron a investigarse, a recorrerse. A veces largas caricias que pasaban por puntos erógenos, a veces pausas en según qué lugares que no hacían más que echar leña a la llama del encendido momento.
En un determinado momento, ella se acercó al cuello de Lorenzo, y situando la nariz detrás de la oreja izquierda de éste, hizo una aspiración profunda, como con la intención de olerle.
Él se sorprendió un poco, pero no le dio importancia. Pensó que a la chica le había gustado su perfume. Incluso le agradó.
Siguieron besándose como si no hubiera pasado nada. Pero al cabo de unos segundos, ella empezó a bajar por el pecho de mi amigo a base de besos, y cuando llegó a la zona del esternón, volvió a hacer una fuerte inspiración, seguida de una gran espiración, como cuando sueltas el aliento delante de un cristal para dejar el vaho en éste.
Lorenzo no pudo evitar levantar la cabeza, extrañado de que se volviera a repetir la situación anterior, pero no se quedó ahí, sino que comprobó cómo ella hacía una segunda toma de aire por su nariz en el centro de su pecho, y dejaba ir el aire, disfrutando del momento, como el que suelta el humo de un cigarrillo después de una profunda calada.
El chico estaba completamente desconcertado. Pero tenía muchas ganas de darle al tema, así que poniendo su mano detrás del cuello de la chica, la llevó hasta sus labios para besarla, tumbarla e intentar tomar el mando de la situación.
En cuanto empezó a besarla por el cuello, la chica empezó de tal manera que él notó que la cosa se enderezaba, así que decidió ir bajando poco a poco, entreteniéndose en el busto, alrededor del ombligo, el costado derecho y los muslos, para acabar besando sus ingles, hasta llegar al centro de estas, donde el primer beso ya hizo que ella dejara ir un leve gemido.
Los placenteros besos fueron dejando paso a la lengua, que empezó a jugar despacio, haciendo pequeños dibujos. Poco a poco, la piel de Nadia iba subiendo de temperatura, al igual que el volumen de sus gemidos y sus movimientos. La lengua del chico iba subiendo la intensidad de los movimientos para que la escala de excitación no dejara de subir.
Él, viendo que funcionaba su estrategia, se relajaba, y volvía a estar inmerso en lo que pasaba.
Sin llegar a gritar, pero con los gemidos a viva voz y el cuerpo retorciéndose como si se fuera a romper, la chica rompió en un orgasmo hasta ahora desconocido para él. No había visto nunca a una chica hacer esos movimientos y esos suspiros en el momento de acabar.
Después de un par de respiraciones profundas para descansar de tensión muscular realizada, ella levantó su cabeza rápidamente dirigiendo su mirada hacia mi amigo, y sonrió levantando la comisura derecha de sus labios, como si estuviera fijando un objetivo al que cazar.
Inmediatamente se abalanzó a por él, le agarró de los dos lados de la cara con sus manos bien abiertas, le besó de una manera increíblemente apasionada y, sin soltarlo, le tumbó y se colocó entre sus pies.
Lorenzo no sabía que iba a pasar, estaba realmente expectante. La chica, que aún mantenía la mirada de “cazadora”, se inclinó y deslizó las manos por el interior de las piernas de su circunstancial amante hasta poder empezar a masajear justo en el centro.
Todo parecía ir bien, el calor aumentaba en aquella parte entre las manos juguetonas, que poco a poco se iba endureciendo más y más.
En un momento dado, Nadia se echó hacia adelante.
El chico pensaba que después de las manos, era la boca la que se iba a encargar de seguir con el juego. Pero se equivocaba.
No solo siguió con el erótico masaje de manos, sino que iba directa hasta debajo de ombligo, donde posó su nariz. Fue entonces cuando la “cazadora” volvió a hacer otra de sus aspiraciones profundas. Esta vez, la más profunda de todas, haciendo además un recorrido con la nariz pegada a la barriga de Lorenzo, hasta acabar en su pecho derecho, dibujando una especie de media luna.
El desorientado amante, se dio cuenta del olisqueo, pero con el placentero movimiento de las manos de ella no pudo darle importancia.
No pudo, hasta que notó que repetía el recorrido otras dos veces, haciendo una respiración más profunda cada vez. Pero cuando fue a intentar reaccionar de alguna torpe manera, ella se volvió a abalanzar sobre él y con su mano, ayudó a la unión de los dos cuerpos.
Con las piernas apoyadas en el colchón, la amante empezó a mover las caderas hacia delante y hacia atrás, volviendo a excitar sobremanera a mi amigo, que se dejó llevar una vez más.
Con Lorenzo más caliente el cenicero de un bingo, la chica volvió a cambiar su mirada de placer, por la de “cazadora”, agarró las muñecas del chico y puso las manos de éste encima de su cabeza.
Todo era normal hasta ahí. Porque con el amante completamente entregado teniendo sus manos por encima de la cabeza agarradas por las muñecas por ella, Nadia acercó rápidamente la nariz a la axila derecha de mi amigo, y empezó a recorrerla de arriba abajo con su nariz, mientras iba haciendo pequeñas y profundas aspiraciones, como si fuera un animal oliendo su presa.
Esto no acababa ahí, porque “el animal” pasó la curiosa nariz a la otra axila y empezó a hacer lo mismo con ella.
Él intentó bajar los brazos, pero al tener las muñecas cogidas, no pudo hacer fuerza hacia abajo con los hombros y no pudo evitar que la chica fuera pasando su nariz de una axila a otra olisqueando a mi amigo sin parar.
Realmente parecía un animal.
Lorenzo se agobió, no le gustaba la sensación de que le estuvieran oliendo de esa manera y se descentró.
Ella, completamente metida en su salvaje papel, no se dio cuenta de que el pobre chico se iba quedando flácido dentro de ella.
Cuando sus cuerpos se separaron por la blandura del miembro que los unía, lo miró atónita, como si no fuera algo normal que mientras estás en la cama uno de los dos empezara a oler al otro como una bestia.
Él que ahora estaba preocupado porque parecía que realmente no pudiera “cumplir en la cama”, solo podía poner excusas diciendo que estaba muy cansado después de haber estado trabajando todo el día y que era la primera vez que le pasaba.
Fue algo tan traumático y raro, que ahora el pobre Lorenzo tenía miedo de volver a acabar con una chica en la cama, que le viniera la imagen de la chica olisqueándole las axilas como un animal, y no poder cumplir.
Y es que es verdad eso que dicen de que todo está en la mente.
¿Verdadero o falso?




