El otro día quedé con una amiga para tomar café.
Sofía es una amiga que conocí en un grupo de moteros de Facebook. Hace dos años coincidimos en un almuerzo que organizaba el grupo y resulta que teníamos amigos en común. Así que empezamos a hablar y congeniamos.
Ya hace dos años de aquello y ahora somos nosotros los que organizamos juntos algunos de los almuerzos. De hecho, el café era para organizar el siguiente:
-Hola, Sofía. -¿Cuánto tiempo?
-Que gracioso…-me dijo con tono burlesco- ¡Si nos vimos ayer!-
-Ya, pero no hablamos mucho- le contesté con tono tristón- parecías muy concentrada en la carretera, como si no conocieras el camino y luego te fuiste muy pronto-.
-Es que no estaba para mucho más que hacer la ruta…- dijo como si le costara explicarse.
-¿Es que ha pasado algo?- le pregunté preocupado.
-No te lo vas a creer-.
-Inténtalo-.
Empezó a contarme que el sábado por la tarde había quedado con Matías, su novio, con el que lleva ya tres años, motero como ella. Un crack.
Habían quedado por la tarde porque él tenía por la noche una despedida de soltero de un compañero de trabajo y por consiguiente ya no se verían el resto del fin de semana. El chico dedicaría el domingo a pasar la resaca y ella tenía ruta en moto por la mañana y eso podía implicar comida, café y ruta de tarde depende del día, en función de cómo fuera el ambiente y las ganas.
Fueron a la sesión de las cuatro del cine, es la que más disfrutan porque el sábado no suele haber mucha gente a esa hora en las salas y se pueden concentrar. Alguna vez, habían estado tan solos, que habían acabado protagonizando alguna que otra escena subida de tono, según el interés que les despertaba la película.
En terminar el cine, fueron a casa de Sofía. Justo cuando ellos llegaban, lo hacía también la madre de Sofía, así que decidieron tomarse una cerveza con ella.
Todo iba perfecto, una agradable charla, Manchas, el caniche hiperactivo de Sofía correteando por el salón e intentando todo el tiempo subir y bajar de su regazo… Hasta que la madre de mi amiga, que es un poco despistada, se acordó de que tenía que sacar a Manchas a pasear.
Matías decidió ducharse en el baño de la habitación de la chica para ahorrar tiempo y apurar todo lo que pudiera hasta marchar a la despedida.
Ese día la película les había gustado, así que la acabaron viendo.
Entre eso, y que hacía días que no se veían, apenas Matías se había secado después de la ducha, Sofía se metió en el cuarto de baño, le arrancó la toalla a su chico y no hizo falta mucho esfuerzo para que el chaval acabara tumbado en el lateral de la cama, en una postura perfecta para ver llegar a su novia, que llegaba quitándose la ropa de forma provocadora.
Esto hizo encender a su novio como la pólvora, que la sorprendió ya desnuda cogiéndola de la cintura y echándola a su lado, para luego ponerse de rodillas delante de ella.
Empezaron a besarse apasionadamente, como si no se hubieran visto en un mes, y no se fueran a ver en otro más después de aquel día.
Los labios y las manos de la pareja iban recorriendo el cuerpo del otro, ayudando a que la temperatura subiera más si cabía.
En cierto momento, el chico apoyó la palma de su mano derecha entre el pecho y el cuello de su amante y ella cedió al peso de esta recostándose en la cama.
Nada más apoyar ella su espalda en el colchón, Matías puso las corvas de las piernas de ésta en sus hombros, y empezó a besar el interior de sus muslos hasta llegar al centro, lo que hizo que ella soltara un suspiro de placer.
Sofía se retorcía de gozo, la lengua de su chico parecía mágica, todo lo que hacía, todos los movimientos que realizaba, producían en ella escalofríos que desencadenaban gemidos y exhalaciones que no podía controlar. Era como si le estuvieran dando descargas eléctricas y no fuese dueña de su cuerpo.
En una de estas descargas, llegaba el orgasmo mientras ella se echaba las manos a la cabeza y soltaba un grito de liberación que sólo se escuchó en aquella habitación, o al menos era lo que ellos pensaban.
Después de unos segundos de respiración, con las manos aún sobre su frente, mi amiga se colocó de pie, se giró hacia el colchón y apoyó las manos en éste, quedándose a merced de su amante.
No hizo falta decir nada más, el chico se puso detrás de ella y, sin esfuerzo alguno, sus cuerpos se conectaron y empezaron de nuevo los sensuales movimientos y las descargas eléctricas de placer.
Ella pedía más intensidad a su novio mientras, apoyada sobre una mano en el colchón agarraba con la otra la muñeca de él con fuerza. Hasta que ya no pudo resistir y el brazo cedió poco a poco para que ella acabara completamente recostada en el colchón, ahora con la pierna derecha subida a éste también, con la rodilla al lado de su codo, mientras con la mano que antes agarraba la muñeca de su novio, ahora se acariciaba donde éste había estado paseando su lengua.
Tras un segundo orgasmo en el que de los aspavientos sus cuerpos se separaron, Sofía se sentó en la cama con Matías delante para acabar, con sus manos, lo que habían empezado sus cuerpos.
Poco después, ella cambió sus manos por su boca, lo que volvió loco a su chico.
Con las manos apoyadas en los hombros de su amada, el cuerpo de Matías se puso completamente en tensión, cosa que indicaba que el final estaba cerca.
Y así pasó.
Pero justo en ese momento, en ese preciso instante, se desencadenó una serie de casualidades que ni en pesadillas las hubiera imaginado el pobre “pistolero”.
Cuando el chico ya no podía más y se disponía a “disparar” a las manos de su chica, la puerta del piso se abría de manera escandalosa dando paso a la madre Sofía saludando a todo volumen, como siempre hacia, y a Manchas, el perro hiperactivo, que salía corriendo hacia la habitación de su dueña.
Los amantes, con el calentón, no se dieron cuenta de que habían dejado la puerta abierta antes de empezar sus juegos. Así que el pobre Manchas se abrió paso entre la puerta entornada y, cuando vio a su dueña sentada en la cama, no reparó en nada más que saltar sobre ella como cada vez que la veía después de llegar de paseo.
Cuando el perro saltó sobre su dueña, ésta, para recepcionarlo, no pudo usar otra cosa que no fueran sus manos, llenas de lo que Matías le había dejado, a la vez que gritaba:-¡Manchas! ¡Noooo!-
Esto último alertó a su madre, que nunca había escuchado esa reacción por parte de su hija a que el perro le saltara encima, e hizo que fuera a toda prisa a la habitación a ver qué ocurría, además de ir preguntándolo a viva voz mientras llegaba.
Por otro lado, el “pistolero”, desnudo, sabiendo que la madre de su novia iba de camino al cuarto, dio un salto hacia el baño como si de un soldado huyendo de una mina se tratara.
Maruja, la madre de Sofía, entró justo para ver a su hija sentada desnuda en la cama, con el perro sin parar de moverse entre las manos de ésta, mientras unos pies voladores entraban en el cuarto de baño de su hija, para acabar con Manchas saltando de las manos de la joven hacia los pies de la señora.
La sorpresa vino cuando la pobre mujer vio a su perro chupándole los pies, engominado de arriba abajo, de la cabeza a la cola, como si lo hubieran acabado de peinar para ir a un concierto de música punk. Como en la escena de la película Algo pasa con Mary en la que la protagonista se hace el tupé con lo que el chico lleva en la mano, pero por todo el cuerpo.
Al verlo, ésta no pudo hacer nada más que echarse las manos a la cabeza gritando: – ¡Manchas! ¿Qué te ha pasado?-. Y sin decir una palabra más, pero con una cara entre la estupefacción y el enfado, se lo llevó para limpiarlo.
Pero la cosa no acaba aquí. Cuando Matías salió del lavabo, vestido, todo digno él, después del salto al vacío y de escuchar el grito “desgarrador” de su suegra, resulta que llevaba el lado derecho de la cara rojo e hinchado.
Resulta que no calculó bien el salto, y cuando aterrizó en el suelo del aseo, resbaló un poco y acabó con la cara chocando contra los azulejos de la bañera donde se había duchado hace un rato.
Cuando ya no hubo más remedio que salir a despedirse, porque la hora a la que habían quedado para empezar la despedida de soltero de su amigo se acercaba peligrosamente, fue al encuentro con su suegra, intentando no mirarla a los ojos, pero con todo el lado derecho de la cara completamente enrojecido.
Así que el pobre chico, no solo se fue de despedida de soltero con un golpetazo en la cara, sino que también se despidió por una larga temporada de su suegra a la que no quería volver a ver de la vergüenza que había pasado.
Pobre Sofía, con razón no había quién le hablara durante la ruta. Estaba con la cabeza en algo… pegajoso.
¿Verdadero o falso?




